Diversidad Funcional y discapacidad como Patología

Diversidad Funcional y discapacidad como Patología

Eufemismo y posverdad son herramientas que nos ayudan a proyectar el enfoque que queremos de la realidad.
Pero dejemos la posverdad aparcada, de momento, y hablemos de los muchos eufemismos para nombrar de forma más agradable realidades que no nos gustan, auténticas distorsiones del lenguaje.
Una de ellas es la diversidad funcional cuando nos queremos referir a la discapacidad.
Diversidad funcional, diferentes maneras de funcionar. Diferentes maneras de cumplir las funciones necesarias para vivir.
Entonces, ¿por qué se sigue tratando la discapacidad desde una perspectiva de ser una patología? ¿En qué quedamos?
Si es una diversidad funcional, entonces tenemos un problema de derechos civiles pues la sociedad no está preparada para convivir en la diversidad. Si es una patología, no somos una sociedad que cuide de las personas carentes de salud.

¿La respuesta? ¿Y si le preguntamos a las personas afectadas?

Soy Discapacitado, ¿y qué?

Soy Discapacitado, ¿y qué?

Nos reconocemos de mil formas y a través de diferentes aspectos que conforman la persona. Y tendemos, está en el ser humano, a poner etiquetas a aquello que identificamos por primera vez para ser capaz de recordarlo.
Una de las etiquetas es el de discapacitado/a. Sobre esta etiqueta, en este tiempo nuestro de la postverdad, la etiqueta de la discapacidad causa cierta confusión. Confusión porqué hay quien considera que denigra a la persona etiquetada como tal. Confusión porqué a fuerza de sustituirla por otras etiquetas como diversidad funcional o personas con diferentes capacidades al final diluímos el concepto.
A ver, la discapacidad existe. Existe en aquellas personas que padecen una disfunción en sus capacidades físicas, sensoriales o mentales. Y su signo distintivo es que es irreversible.
Hasta aquí bien. El problema viene cuando esta etiqueta conlleva situar a los y las etiquetados/as en los márgenes de la sociedad. El problema es confundir tener una discapacitad con ser discapacitado. La tenencia (o en este caso la ausencia) de plenas (dis)capacidades nos dice quiénes somos?
Yo tengo una discapacidad neurológica desde que nací, pero no soy discapacitado. La discapacidad hace que vea y viva el mundo de forma diferente. Pero lo sigo viendo y viviendo. Igual que tú.
Con los años he aprendido que la discapacidad no formaba parte de mi marca personal. Mi marca personal se define a partir de las cosas que hago y sobretodo, de cómo las hago. De mis aciertos y errores. De mis vivencias. La discapacidad sólo ha estado ahí, acompañándome. A veces poniéndomelo más difícil. Pero otras, aunque parezca imposible, más fácil.
Cuál ha sido la clave? Descubrir mi potencial. Y en ese descubrimiento ha habido antes otro previo: la discapacidad al privarme de poder hacer algunas cosas, me ha enseñado de forma mucho más clara todo lo que sí podía hacer. En resumidas cuentas, mi talento.
Sólo he tenido que cambiar el foco de sitio. He dejado en la sombra la dificultad para iluminar mi potencial. Porqué todos tenemos nuestro potencial.
La discapacidad limita el abanico de posibilidades. Pero intensifica la luz sobre aquello que es nuestro talento. A veces de forma tan intensa que es cegadora.
Acostumbrar la vista a esta luz significa quererse a uno mismo. Pero es sólo una cuestión de actitud y tiempo acostumbrar los ojos a esta luz.

Te invito a que te observes no sólo soportando, sino apreciando toda la luz que desprendes.
Puede, incluso, que alguien ya la haya descubierto…