Capacidades antes que títulos
En tecnología —y sobre todo en inteligencia artificial— todavía hay procesos de selección que descartan de entrada a quien no trae el título «correcto», aunque aporte proyectos reales. Al mismo tiempo, a veces entra quien encaja en el formulario y tarda en entregar algo que funcione. No es un ataque a la formación: es una crítica a usarla como único filtro cuando lo que hace falta es resolver un problema concreto.
Hay ámbitos donde el título no es un capricho: es garantía y, a menudo, obligación. En desarrollo de software y en muchas aplicaciones prácticas de la IA, en cambio, se puede demostrar mucho construyendo: código, prototipos, automatizaciones que ya están en marcha. El aprendizaje abierto —recursos compartidos, comunidades, prueba y error— ha acercado esas capacidades a más personas. Quedarse solo en la casilla del currículum cierra esa puerta y empobrece a la organización.
Eso no significa «todo vale». Significa combinar señales: formación cuando aporte base, y evidencia de lo que la persona sabe hacer. Un currículum cuenta lo estudiado; un proyecto en marcha muestra lo aplicado. Apostar por capacidades demostrables es también una forma de democratizar el conocimiento: valorar lo que alguien puede aportar, no solo el camino oficial por el que llegó. Mientras unas organizaciones siguen tachando casillas, otras ya miran cartera de trabajo y pruebas prácticas. Con el tiempo, esa diferencia se nota.